Independently published
Confesiones (Traducido y con notas)
Confesiones (Traducido y con notas)
Precio habitual
$35.000 CLP
Precio habitual
Precio de oferta
$35.000 CLP
Precio unitario
/
por
Los gastos de envío se calculan en la pantalla de pago.
No se pudo cargar la disponibilidad de retiro
Esta nueva edición de las Confesiones de San Agustín incluye: Notas aclaratorias esenciales. Traducción inédita a cargo de Don Alfonso Cornejo Cruz. Este volumen incluye la obra completa, sus trece libros, y éstos en su integridad.
San Agustín de Hipona, el Doctor de la Gracia, Aurelio Agustín, o simplemente "el Teólogo", como humilde y reverencialmente lo llamaba Santo Tomás de Aquino, escribió sus Confesiones para confirmar con vigor y fuerza la actualidad de la afirmación paulina: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom 5:20).
Siendo esta una obra autobiográfica, fue escrita por San Agustín en los primeros años tras su ordenación episcopal, por lo que recoge poco más de la mitad de su vida, desde su llamada a la existencia según el deseo de Dios hasta su vuelta definitiva a la fe, en la que tanto tuvieron que ver su madre, Santa Mónica -que nunca dejó de orar por él-, y el obispo de Milán, San Ambrosio -que le ayudó a recorrer su camino desde la razón hasta la fe no sólo mostrándole la recta interpretación de las Sagradas Escrituras, sino hasta las “Semillas del Verbo” que Cristo plantó en los pensadores clásicos, especialmente en Plotino-.
Mucho se alejó de la fe San Agustín en su juventud, como testimonian las oraciones y las lágrimas de su madre, tanto en el plano intelectual y religioso -mucho habla en esta obra de sus escarceos en el Maniqueísmo- como en el plano moral, ajeno a toda privación del placer de sus sentidos, por lo que los nuevos enemigos que adquirió con su conversión (maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos, priscilianistas, académicos, etc.) quisieron hacer leña de su pasado. San Agustín, lejos de esconderse, escribió esta obra para mostrar que su necedad pasada muestra meritoria la gracia de Dios en contraste con su indignidad.
Aunque estas Confesiones fueron escritas para que fueran leídas por cualquiera que a ellas quisiera acudir, ya que todos podríamos hallar en ellas estímulo y esperanza a pesar de nuestros pecados y de nuestra vida pasada, está redactada como una confesión dirigida a Dios, a quien trata desde la reverencia, desde la pequeñez de la criatura, el amor y el agradecimiento por su fidelidad a pesar de haberse alejado de él durante tantos años.
Podríamos dividir esta obra en dos partes: Los nueve primeros libros abiertamente autobiográficos, y los cuatro últimos más filosóficos, aunque sin perder la consonancia con todo lo anterior. El décimo libro hablará de nuestra “capacidad de Dios” y de nuestro acceso racional a él, y los tres últimos tomarán la creación y la providencia como su eje vertebrador.
No busquemos en estas páginas un elenco morboso de pecados mostrados con detalle, muchos son los que esto buscan sin hallarlo. San Agustín, movido por la prudencia, nunca quiso ni exaltar nuestra imaginación ni hacer mérito de su vergüenza, sino mostrar su miseria para testimoniar la grandeza de Dios y exaltar su misericordia.
Sin duda, algunas partes de este libro necesitarán una lectura erudita para su comprensión, no siendo del todo necesario entenderlas para captar el sentido principal de la mayor parte de esta obra, que incluso podríamos resumir de una manera sencilla con una simple frase, que el mismo San Agustín plasmará en su primera página para no llevarnos a engaño: Señor “nos has hecho para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”.
San Agustín de Hipona, el Doctor de la Gracia, Aurelio Agustín, o simplemente "el Teólogo", como humilde y reverencialmente lo llamaba Santo Tomás de Aquino, escribió sus Confesiones para confirmar con vigor y fuerza la actualidad de la afirmación paulina: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom 5:20).
Siendo esta una obra autobiográfica, fue escrita por San Agustín en los primeros años tras su ordenación episcopal, por lo que recoge poco más de la mitad de su vida, desde su llamada a la existencia según el deseo de Dios hasta su vuelta definitiva a la fe, en la que tanto tuvieron que ver su madre, Santa Mónica -que nunca dejó de orar por él-, y el obispo de Milán, San Ambrosio -que le ayudó a recorrer su camino desde la razón hasta la fe no sólo mostrándole la recta interpretación de las Sagradas Escrituras, sino hasta las “Semillas del Verbo” que Cristo plantó en los pensadores clásicos, especialmente en Plotino-.
Mucho se alejó de la fe San Agustín en su juventud, como testimonian las oraciones y las lágrimas de su madre, tanto en el plano intelectual y religioso -mucho habla en esta obra de sus escarceos en el Maniqueísmo- como en el plano moral, ajeno a toda privación del placer de sus sentidos, por lo que los nuevos enemigos que adquirió con su conversión (maniqueos, donatistas, arrianos, pelagianos, priscilianistas, académicos, etc.) quisieron hacer leña de su pasado. San Agustín, lejos de esconderse, escribió esta obra para mostrar que su necedad pasada muestra meritoria la gracia de Dios en contraste con su indignidad.
Aunque estas Confesiones fueron escritas para que fueran leídas por cualquiera que a ellas quisiera acudir, ya que todos podríamos hallar en ellas estímulo y esperanza a pesar de nuestros pecados y de nuestra vida pasada, está redactada como una confesión dirigida a Dios, a quien trata desde la reverencia, desde la pequeñez de la criatura, el amor y el agradecimiento por su fidelidad a pesar de haberse alejado de él durante tantos años.
Podríamos dividir esta obra en dos partes: Los nueve primeros libros abiertamente autobiográficos, y los cuatro últimos más filosóficos, aunque sin perder la consonancia con todo lo anterior. El décimo libro hablará de nuestra “capacidad de Dios” y de nuestro acceso racional a él, y los tres últimos tomarán la creación y la providencia como su eje vertebrador.
No busquemos en estas páginas un elenco morboso de pecados mostrados con detalle, muchos son los que esto buscan sin hallarlo. San Agustín, movido por la prudencia, nunca quiso ni exaltar nuestra imaginación ni hacer mérito de su vergüenza, sino mostrar su miseria para testimoniar la grandeza de Dios y exaltar su misericordia.
Sin duda, algunas partes de este libro necesitarán una lectura erudita para su comprensión, no siendo del todo necesario entenderlas para captar el sentido principal de la mayor parte de esta obra, que incluso podríamos resumir de una manera sencilla con una simple frase, que el mismo San Agustín plasmará en su primera página para no llevarnos a engaño: Señor “nos has hecho para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”.
Share

Provetodo - provedor integral
🇨🇱 Chile: Duble Almeyda 5595, Of. 904, Ñuñoa, Santiago
🇵🇪 Perú: PEFRED S.A.C, Chancay 32, San Juan de Lurigancho, Lima 1542
+56991709189
© 2026 Provetodo. Todos los derechos reservados.